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Piratas australianos en Japón

Un historiador aficionado, Nick Russell, ha hallado pruebas convincentes de que la primera incursión marítima australiana en aguas japonesas fue comandada por piratas australianos convictos en una huida audaz escapando de la isla de Tasmania hace casi dos siglos. Las recientes traducciones de los relatos samurai nos hablan de un barco «bárbaro» en 1830 y corroboran la sorprendente historia que los historiadores habían tildado de fantasía: que un grupo de convictos australianos llegaron a Japón, en un momento en el que el país vivía bajo un aislamiento feudal. Como comenta Russell en un entrevista al The Guardian Australia: «No esperaba encontrar un barco pirata. Sólo me tropecé con él. Allí estaba en la pantalla delante de mí. Inmediatamente lo reconocí y tan pronto como empecé a comprobar datos, todo encajaba perfectamente».

El bergantín Cyprus (Chipre) fue secuestrado por prisioneros que estaban siendo trasladados desde Hobart hasta Macquarie Harbour en 1829, en un motín que los llevó hasta las costas de China.

Su cabecilla era William Swallow, un antiguo aprendiz de buque mercante británico y conscripto naval en las guerras napoleónicas, quien en un juicio de piratería en Londres el año siguiente contó que una bala disparada por un mosquete de un samurái en Japón hizo caer un telescopio de sus manos. Los compañeros amotinados de Swallow, dos de los cuales fueron los últimos hombres ahorcados por piratería en Gran Bretaña, respaldaron su relato de haber estado en Japón.

Hasta la fecha, los historiadores,  a falta de registros japoneses sobre el barco Cyprus, habían tratado la historia de los prisioneros amotinados como una invención fantasiosa sin valor alguno.

El barco fondeó el 16 de enero de 1830 frente a la ciudad de Mugi, en la isla de Shikoku, donde el samurái Hirota, anunció la presencia de un barco extranjero navegando por la ensenada de  Mugi. El gobernador local envió al samurái  Makita Hamaguchi, disfrazado de pescador para revisar si barco transportaba armas, aunque tan sólo notó un «hedor insoportable en las cercanías de la nave«.

Hamaguchi informó de una banda desesperada de viajeros, con poca agua, comida y leña, que provocó curiosidad y sospecha entre los señores de la guerra locales, molestos por sus modos y su apariencia. Obligados a repelerlos violentamente por orden del shogún gobernante de Japón, los comandantes de los samuráis mostraron cierta calma, dando a los extranjeros asesoramiento sobre la dirección del viento y las rutas a tomar después de mantener una escaramuza entre disparos de mosquetes por ambos bandos.

Hamaguchi escribió acerca de los marineros australianos con «nariz larga y puntiaguda» que no eran hostiles, pero que pidieron en lenguaje de signos agua, comida y leña. Uno de ellos se echó a llorar y comenzó a rezar cuando un samurái rechazó sus súplicas.

Un marinero de unos 25 o 26 años introdujo tabaco en «un objeto de aspecto sospechoso, aspirando y respirando el humo«. Tenía un «abrigo de lana escarlata» con «puños bordados con hilo de oro y los botones plateados«, que era «un vestido de gran belleza, pero demasiado llamativo«. El capitán dio instrucciones a la tripulación para que «de acuerdo con lo que parecía ser alguna señal de respeto» siguieran sus órdenes de quitarse los sombreros «mostrando la mayoría de ellos sus cabezas calvas«. A cambio de la atención recibida, los australianos obsequiaron a los japoneses con «un objeto curvo de madera«, que debería ser un boomerang. Un marinero descubrió su pecho al samurái disfrazado de pescador para mostrarle un tatuaje de «la parte superior del cuerpo de una mujer hermosa«, según relató  Hamaguchi. Otro sacó «una botella de lo que parecía ser una bebida alcohólica e indicó que debíamos beber«. Declinamos agitando las manos, pero finalmente, «bebimos e indicamos la buena sensación que nos dio, acabando la botella.«

En tierra firme, los comandantes de los samuráis estaban ansiosos por cumplir un edicto de 1825 emitido por el shogún que marcaba la política aislacionista de Japón. Este declaraba que «Todos los buques extranjeros deben ser despedidos. Cualquier extranjero que desembarque en territorio japonés debe ser arrestado o muerto. Cada actuación debe ser informada al más alto detalle. «

Hamaguchi citó a Mima, un comandante local, diciendo que había «sospechado de esa nave desde que llegó«. «Los hombres de la nave no parecen hambrientos en absoluto y de hecho parecen estar burlándose de nosotros ya que saltan desde la popa, bucean y vuelven a subir de nuevo a la nave«, dijo Mima . «Creo que son piratas. ¡Debemos aplastarlos!«

Mima se quedó despierto hasta el amanecer, discutiendo qué hacer con su superior Yamauchi, quien decidió: «Deberíamos mostrarles nuestros mosquetes y decirles que si no se van inmediatamente, dispararemos sobre ellos y los reduciremos a cenizas«. Más tarde, Yamauchi ordenó a un subalterno que les diera agua, comida y leña si los marineros acordaban marcharse.

Los «bárbaros» en lengua de signos les dijeron a los samurái que necesitaban cinco días para reparar las velas y pintar el barco, haciendo «un puño con una mano y poniéndolo bajo su cabeza inclinada indicando sueño«. Cuando Yamauchi se negó, el capitán australiano pidió tres días, luego les dio a los mensajeros del samurái una carta para entregarle de vuelta. Mientras tanto, sin muestras de prisa o pánico, la tripulación desplegó tranquilamente una vela para zurcirla.

El comandante Yamauchi no estaba contento. -¿Por qué había aceptado una carta de los piratas? Le ordenó volver enseguida con una partida de soldados para echar a los piratas de la ensenada. Como el barco pirata no levaba anclas, un cañón disparó sobre el buque como un «golpe de trueno … seguido de un chillido espantoso cuando la vieja   bola de metal voló entre los dos mástiles del barco bárbaro«. El barco extendió otra vela pero no se movió, lo que llevó a un enfurecido Yamauchi a ordenar más disparos. Con poco viento pero con una pequeña brisa, el barco no podía navegar hacia el mar y «en vez de eso, ignorando el granizo de cañones y balas de mosquete» navegó hacia el oeste entre las dos posiciones de tiro de los samurái.

Hamaguchi escribió que «en esta época el superintendente feudal se dio cuenta de que era un barco británico y se enojó en extremo«, ordenando a sus soldados que dispararan a la línea de flotación del buque. «Dos balas de cañón golpearon y sacudieron el casco«. Los piratas estaban de pie y gritaban. Otra bola de cañón se estrelló contra la cubierta del barco, hiriendo a dos tripulantes. «Los otros se volvieron hacia el barco del comandante Yamauchi, quitándose los sombreros y parecían orar«, escribió Hamaguchi.

Un barco samurái se acercó con mosquetes al barco australiano y los «bárbaros parecían preocupados, gritaban y temblaban de miedo«, escribió Hamaguchi. La tripulación recogió el agua y los suministros ofrecidos por los samurái. El barco se movió y después del anochecer «una extraña música y un canto se podía oír» antes de que se alejara.

Después de varios días de navegación, hay pruebas claras de que el Cyprus llegó a Macao y luego a Hong Kong, dónde fue apresado por las tropas británicas y juzgada su tripulación por piratería. Swallow, astutamente convenció al jurado de que había sido obligado a tripular el Cyprus, ya que era el único navegante experimentado, escapando de la pena de piratería que les costó la vida a los otros tripulantes. Swallow fue enviado de vuelta a Tasmania para cumplir cadena perpetua por su fuga ilegal, y murió en Port Arthur apenas cuatro años después de su hazaña pionera en la visita japonesa. Seguramente el Cyprus fue el primer navío australiano en llegar a Japón.

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Piratas australianos en Japón
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Un historiador aficionado, Nick Russell, ha hallado pruebas convincentes de que la primera incursión marítima australiana en aguas japonesas fue comandada por piratas convictos en una huida audaz escapando de la isla de Tasmania hace casi dos siglos.
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Dídac Cubeiro
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Categorías: Imperio Británico

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