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Matteo Ricci: un jesuita en la corte del Emperador chino

Matteo Ricci nació en Macerata, Italia y murió en Pekín, China. Contra los deseos de su padre, que prohibían cualquier conversación sobre temas religiosos en el hogar, Matteo Ricci entró en la Compañía de Jesús. Al final de su formación fue asignado a la Misión de China, en 1583, donde trabajó durante 27 años. Gracias a su acceso a la academia ganó muchas amistades influyentes. Se estableció en Nanking, junto a otros compañeros jesuitas y sus instrumentos científicos. Más tarde se convirtió en el matemático de la corte de Pekín. Tradujo las obras de Christopher Clavius al chino sobre las teorías geométricas y trigonométricas. Enseñó matemáticas occidentales a los chinos y en los años 1584 y 1600 dibujó los primeros mapas de China. Por primera vez, los chinos tenían una idea de la distribución de los océanos y de los continentes. Él introdujo instrumentos trigonométricos y astronómicos, y tradujo los primeros seis libros de Euclides al chino. En geometría escribió en chino tratados sobre el astrolabio, la esfera y las medidas isoperimétricas.

El éxito de Ricci fue debido a sus cualidades personales, su completa adaptación a las costumbres chinas (la elección de su vestimenta como la de un letrado chino) y por su gran conocimiento de las ciencias. En la actualidad aun es posible visitar su tumba a las afueras de Pekín.

En el momento de su publicación, se consideraron los mapas de Ricci de China, incluso más precisos que los mapas contemporáneos realizados en Europa.

Se identificaba China y Pekín con el Catay de Marco Polo, gracias seguramente a sus contactos con otro jesuita, el hermano Benedict de Goes, quien hizo un recorrido desde la India a China durante los años 1602 a 1605, con el fin de que verificar que China y Catay eran los mismos territorios.

Los jesuitas fueron grandes cartógrafos y viajaban continuamente por todo el imperio, a pesar de que las condiciones de viaje eran bastante precarias. Tenían mucho interés en encontrar una ruta por tierra desde Europa a través de la Rusia cristiana hasta China. El embajador del zar en China en su época era Spathary, capaz de hablar latín y así podía conversar con los jesuitas. Esto implicó al jesuita Fernando Verbiest en las negociaciones sobre la frontera entre los dos países; más tarde fue en parte bajo su dirección que se determinaron las fronteras ruso-chinas, y fue el topógrafo  enviado para marcarlas. Trazar la frontera en un mapa, en zonas no delimitadas por accidentes geográficos mantuvo continuas disputas fronterizas entre Rusia y China en los tres siglos que siguieron. No pudo, sin embargo, poner fin a las disputas fronterizas, y durante los últimos tres siglos estas fronteras continuaron siendo discutidas.

Ricci y Verbiest se encontraban en China en un período de decadencia científica, durante la dinastía Ming y principios de la Ching, hecho que les ayudó en su labor y les permitió quedarse. . . Hubo, por supuesto, la dificultad añadida de la lengua en un momento en el que el estudio del chino en Occidente casi no existía y no había diccionarios para iniciarse.

Los jesuitas se intentaron adaptar a la sociedad china. Con Ricci enviaron a una pequeña expedición de diez o doce sacerdotes para cristianizar a cuatrocientos millones de chinos. Esta tarea casi imposible que se inició mediante el estudio de la cultura China. Los jesuitas pasaron varios años aprendiendo la filosofía china, el arte y la literatura, para acercarse a los chinos culturalmente. Más adelante, atrajeron la curiosidad de los funcionarios imperiales mediante los mapas y sus instrumentos astronómicos. En lugar de ser rechazados como bárbaros extranjeros, fueron aceptados como hombres inteligentes y cultivados.

Desde aproximadamente 1600 hasta la supresión de la orden en 1773, los jesuitas fueron prácticamente la única fuente de conocimiento sobre occidente que tenía China, especialmente en los campos de la astronomía, geometría y trigonometría. El objetivo de los jesuitas era la conversión de las élites gobernantes y para ello les iniciaron en los tratados matemáticos y astronómicos para acercarse a ellas.

Durante sus veintisiete años de estancia en China, Ricci había intentado entrevistarse con el Emperador en persona en varias ocasiones, pero las visitas con extranjeros rara vez se concretaban.   Inesperadamente, el Emperador convocó a Ricci y a sus compañeros jesuitas para preguntarles sobre como reparar un reloj de pared que se había estropeado y que no podía ser reparado por los técnicos de mantenimiento de la corte. En otra ocasión, la visita fue propiciada por un eclipse de sol, ya que la predicción de la hora prevista y la duración estimada difería entre la realizada por los astrónomos chinos y la predicción de los jesuitas. Cuando esta última predicción resultó correcta, su prestigio como grandes matemáticos les otorgó un lugar principal entre los letrados chinos. Es curioso que los jesuitas enseñaran a los chinos la teoría heliocéntrica, sin saber que el juicio de Galileo había tenido lugar. Podemos aventurar que en el momento en que Galileo fue acusado de herejía en Roma, los jesuitas en China trasladaban esa misma teoría heliocéntrica que habían aprendido antes de salir de Roma. Se calcula que había un retraso de cinco años en las comunicaciones entre Asia y Europa en el siglo XVII.

Matteo Ricci fue un pionero en las relaciones culturales entre China y Occidente, y su profunda apreciación de los valores culturales y morales chinos le permitió dar a conocer los valores occidentales en China y los valores chinos en Occidente. Ricci forjó su reputación como un científico de una gran versatilidad, y trasladó a China novedades tecnológicas de la época como la cristalería veneciana, los libros europeos así como pinturas y grabados, relojes y mapas, atrayendo a un público constante. Él diseñó y se muestra por primera vez en China un gran mapa del mundo conocido por Occidente que provocó una revolución en la cosmografía tradicional china. Su importante contribución a la difusión del conocimiento se concretó en la publicación de más de veinte obras escritas en chino sobre temas tan variados como las matemáticas, la literatura, la astronomía, así como sobre religión y de catequesis popular. Su sabiduría, el conocimiento científico, y la capacidad para la especulación filosófica le ganaron una audiencia cuando habló del mensaje del Evangelio. Sin ningún rastro de superioridad en su forma, utilizó un proceso de diálogo que fue caracterizado por una gran estima y respeto hacia todos. Esto le permitió predicar el Evangelio en la civilización no cristiana más grande de su tiempo, mezclando los valores humanos y morales de la cultura china con el mensaje de la religión católica.

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Título del artículo
Matteo Ricci: un jesuita en la corte del Emperador chino
Descripción
Matteo Ricci nació en Macerata, Italia y murió en Pekín, China. Contra los deseos de su padre, que prohibían cualquier conversación sobre temas religiosos en el hogar, Matteo Ricci entró en la Compañía de Jesús. Al final de su formación fue asignado a la Misión de China, en 1583, donde trabajó durante 27 años.
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Dídac Cubeiro
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Categorías: Historia
Etiquetas: Jesuitas

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