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El control de la India: El Tratado de Allahabad de 1765

La firma del Tratado de Allahabad de 1765

Debemos remontarnos al mes de agosto de 1765, cuando el joven emperador mogol Shah Alam, exiliado en Delhi y derrotado por las tropas de la Compañía Británica de las Indias Orientales, fue forzado a participar en lo que ahora denominaríamos una expropiación forzada. Debió firmar el Tratado de Allahabad, una orden para despedir a sus propios funcionarios y desposeerlos de los ingresos de las plazas de Bengala, Bihar y Orissa, y reemplazarlos por un conjunto de comerciantes ingleses designados por Robert Clive, el nuevo gobernador de Bengala, y los dirigentes de la Compañía.

Desde aquel momento, según el Tratado de Allahabad, la recaudación de los impuestos mogoles se subcontrató en adelante a una poderosa empresa multinacional, cuyas operaciones de recaudación de ingresos estaban protegidas por su propio ejército privado.

Fue en este momento que la Compañía Británica de las Indias Orientales dejó de ser una empresa convencional, centrada en el comercio y sedas y especias, y se convirtió en algo mucho más inusual. En pocos años, los más de doscientos empleados de la Compañía respaldados por la fuerza militar de unos veinte mil mercenarios indios reclutados localmente se habían convertido en los gobernantes efectivos de Bengala. A partir de ese episodio, una empresa con presencia internacional se estaba transformando en un poder colonial a considerar en el Índico.

La Compañía, en una muestra de fuerza y poder, con un ejército creciente (había aumentado a más de doscientos cincuenta mil hombres en 1803), rápidamente sometió y se apoderó del territorio indio en menos de medio siglo.

Las primeras conquistas territoriales serias comenzaron en Bengala en 1756 y medio siglo después controlaban la capital del imperio Mogol, Delhi, situada al norte.

Todavía hablamos de la conquista británica de la India, pero esa frase oculta una realidad más siniestra: no fue el gobierno británico el que se apoderó de la India a finales del siglo XVIII, sino una empresa privada peligrosamente desregulada, con sede en una pequeña oficina, en una calle de Londres, en Leadenhall Street, y administrada en la India por un comerciante ambicioso como Clive.

El control de la India por la Compañía de las Indias Orientales

El control de la India por la Compañía tendría consecuencias catastróficas. Al igual que sucede con muchas de las multinacionales actuales, el consejo de administración de la Compañía, era responsable de sus decisiones de inversión sólo ante sus accionistas. Eran poco relevantes decisiones como mantener un gobierno justo en la región, o el bienestar de la población a largo plazo. Es más, las decisiones de la Compañía se enfocaron al saqueo de Bengala, y la rápida transferencia hacia la metrópolis de sus riquezas.

En poco tiempo, la provincia, ya devastada por la guerra, fue asolada por la hambruna de 1769, y arruinada por los altos impuestos marcados por la Compañía. Los recaudadores de impuestos exigieron revelar la localización de los tesoros y joyas almacenados durante siglos. Ciudades y pueblos fueron literalmente saqueados.

La riqueza de Bengala se desvaneció rápidamente en Gran Bretaña, mientras que sus prósperos tejedores y artesanos fueron coaccionados por sus nuevos amos, y sus mercados se vieron inundados por productos británicos. Una parte del botín de Bengala fue a parar directamente a la fortuna personal de Clive, valorada al volver a Gran Bretaña en 234.000 libras esterlinas de la época, lo que lo convirtió en el hombre más rico de Europa. La mayor parte de estas ganancias provenían de las comisiones cobradas sobre las actuaciones de la Compañía. A modo de ejemplo, el propio Clive describe que tras la Batalla de Plassey en 1757, tras la derrota de los gobernantes indios de Bengalas, se transfirió el botín incautado, valorado en dos cientos cincuenta mil libras, repartiendo doscientos veinticinco mil para la Compañía y veinticinco mil para Clive. Para trasladar los fondos no se optó por el sigilo. Todo el contenido del tesoro de Bengala fue cargado simplemente en cien barcos y se transportó desde el palacio de Bengala por el Ganges hasta Fort William, la sede de la Compañía en Calcuta.

Pasados los años, los historiadores británicos dignificaron esta escena de agosto de 1765, denominándola como el Tratado de Allahabad, situando a Clive y al emperador Shah Alam como contrapartes iguales que negociaban un futuro mejor para la región de Bengala (ante la supuesta modernidad occidental).

Como en muchas empresas multinacionales, la Compañía Británica de las Indias Orientales sufrió las intrigas por el poder y la ambición de sus miembros por su control.  Clive, fue acosado por sus envidiosos colegas y acusado por el Parlamento de corrupción en los contratos durante su mandato en India. Se suicidó en 1774 degollándose con una navaja unos meses antes de ser juzgado. Fue enterrado en secreto, en noviembre, en el pequeño pueblo de Shropshire de Morton Say bajo una pequeña placa que reza “Primus in Indis”.

Citación

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Cubeiro, Dídac. “El control de la India: el Tratado de Allahabad de 1765” en SurcandolosMaresdelSur.com, 2017.

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El control de la India: El Tratado de Allahabad de 1765
Descripción
Debemos remontarnos al mes de agosto de 1765, cuando el joven emperador mogol Shah Alam, exiliado en Delhi y derrotado por las tropas de la Compañía Británica de las Indias Orientales, fue forzado a participar en lo que ahora denominaríamos una expropiación forzada. Debió firmar el Tratado de Allahabad, una orden para despedir a sus propios funcionarios y desposeerlos de los ingresos de las plazas de Bengala, Bihar y Orissa, y reemplazarlos por un conjunto de comerciantes ingleses designados por Robert Clive, el nuevo gobernador de Bengala, y los dirigentes de la Compañía.
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Dídac Cubeiro
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Categorías: Imperio Británico

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